Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia

Lunes, Julio 24, 2017

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 Eminentísimo y Reverendísimo Sr. Cardenal, Antonio Cañizares Llovera Señor Presidente de la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia y miembros de su Consejo de Gobierno Señor Prior y Rectores de las Parroquias de la Semana Santa Marinera Dignísimas Autoridades Presidentes, Hermanos Mayores y miembros de las Hermandades, Cofradías y Corporaciones. Vecinas y vecinos del “Marítim”. Valencianas y valencianos. Visitantes. Queridos familiares y amigos. Antes de empezar quiero hacer una mención especial al Santísimo Cristo del  Perdón, uno de los siete Crucificados que procesionan en la Semana Santa Marinera de Valencia. Al que este año le ha correspondido el alto honor de presidir este entraña ble acto.

Cuando hace unos meses vinieron a mi casa el Presidente de la Junta Mayor, Francisco Carles, el Secretario General, Vicente Sobrino y Francisco Noguera, todos ellos queridos amigos míos, pensaba que era una visita de cortesía para hablar, como tantas veces, de temas vinculados profesionalmente con la Semana Santa. Pero no era normal que fuera en mi casa, pues siempre nos hemos visto en los locales de la Junta Mayor, así que me pareció algo extraño. Confieso que yo, ajena por completo al motivo de su inesperada visita, y sinceramente algo preocupada, los recibí encantada esperando que el tema a tratar fuera importante y delicado por lo que era mejor hacerlo en la intimidad.

Cuál fue mi sorpresa, y reconozco humildemente “el susto” que me llevé, al conocer el motivo de la visita de tan queridos amigos. Es evidente ya se pueden imaginar cual fue la propuesta que, tras unos instantes de enmudecimiento por mi parte, recibí feliz y honrada.

Desde ese mismo día, dada la enorme responsabilidad que representa ser la portavoz oficial de esta Fiesta tan entrañable, estuve pensando mucho, leyendo pregones, repasando artículos, leyendo libros, preguntando a amigos cofrades, entrando en la magnífica web de la Junta Mayor, de vigente actualidad, es decir teniendo más presente que nunca la Semana Santa Marinera y a todos ustedes.

En mi experiencia de cerca de 17 años colaborando activamente con la Junta Mayor, desde Ángel Méndez, Lorenzo Guardino, Pep Martorell, Begoña Sorolla y Francisco Carles, he disfrutado de grandes momentos que han supuesto un hito en mi vida, como por ejemplo la remodelación de la Casa-Museo “Salvador Caurín” de la Semana Santa, la organización de exposiciones en su interior, los jurados de carteles, la restauración de las pinturas murales de la iglesia del Rosario, la puesta en marcha de un nuevo paso de Semana Santa como fue “La Crucifixión del Señor”… De todas estas experiencias quisiera resaltar la emoción que sentí un Sábado de Pasión en el cual procesioné como cofrade, vestida de vesta con capirote y túnica, dentro del anonimato y del recogimiento más absoluto, acompañando al trono anda de la Crucifixión del Señor como una penitente más. Agotada tras la procesión a paso lento, pude comprender mucho mejor a mis hermanos cofrades y reflexionar sobre lo que suponía el privilegio de pasar por esa experiencia. Otro momento inolvidable de otro Sábado de Pasión fue poder ver a los jóvenes costaleros emocionados y felices ante su estreno como porteado - res del trono anda de la Crucifixión del Señor, por primera vez sin ruedas, por las calles del Marítim y posteriormente, en un momento de la procesión y acompañada por el presidente Vicente García, darme la gran sorpresa de parar el paso, ponerme delante y hacer en mi ho - nor una “levantá al cielo”. Vivencia única, difícil de describir con palabras.

Con la Hermandad de María Santísima de las Angustias también me unen lazos estrechos. Esta Hermandad participa en los actos programados por la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia y la Junta Parroquial de Cristo Redentor-San Rafael. Individualmente lleva a cabo la procesión de los Siete Dolores de la Virgen, en la noche del Viernes de Dolores, y la Procesión de la Solidaridad. Fue un gran honor para mí ser nombrada clavariesa de los Siete Dolores de la Virgen y participar en la procesión acompañando a la imagen titular llevada a hombros, con antorchas y al son de timbales.

Y, también, mi agradecimiento a la Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos que, en el año 1999, me nombró “Canyamelera d’Honor”. Un título que dicha Hermandad concede anualmente.

Quisiera destacar también la experiencia de compartir cenas en los locales sociales de las cofradías y vivir el ambiente de fraternidad y de trabajo continuo a lo largo de todo el año, para que al final, y siempre con ideas renovadoras, se consiga progresar año tras año. Todo ello con el fin de ir avanzando y así conseguir que los actos se enriquezcan y luzca mejor la Fiesta.

El año pasado por estas fechas asistí a la cena del Pregón y al final de la misma tuvo lugar un homenaje a nuestro querido amigo Paco Burguera, el cual fue sorprendido con un entrañable vídeo de su larga y dilatada trayectoria en la Semana Santa Marinera, que prepararon con todo cariño sus hermanos cofrades. Gracias a ello podemos ver cómo a lo largo de la historia esta Fiesta, considerada de Interés Turístico Nacional, es según mi punto de vista Patrimonio Inmaterial por sus virtudes, cualidades, y por ser una tradición ancestral que es capaz de emocionar al observador y sacar de dentro de sí mismo toda su potencialidad creativa. Cuando nos situamos ante una obra de arte que es patrimonio de todos, como la gran obra pictórica de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, o en el Panteón romano o la reciente restauración de la superficie pictórica realizada por Dionís Vidal en la bóveda de la Parroquia de San Nicolás en Valencia, sentimos un estremecimiento interno que va más allá de la vivencia normal. La obra de arte se introduce en las profundidades de nuestro ser y crea en nuestro interior sentimientos encontrados.

En cierta medida queremos revivir los momentos iniciales de aquella magna obra y a la vez pretendemos hacerla nuestra como algo íntimo, pero no deja de ser un sentimiento momentáneo, pasajero, una vivencia fugaz. Sin embargo, la Semana Santa Marinera tiene ese mismo carácter inicial de estremecimiento por lo que estamos reconociendo pero a la vez nos sentimos vivos y nos identificamos con esa lucha de los momentos de la Pasión y Muerte de Jesús. Con esa esperanza que surge al saber y conocer el momento de la Gloria de la Resurrección. No es un patrimonio congelado ni muerto. Es un patrimonio vivo, intenso, lleno de sugerencias y de nuevas ilusiones, en el que año tras año se introducen pequeñas variaciones que tienen que ver con las personas y su compromiso. Que tienen que ver con la Fe, con la tradición, con el barrio, con la hermandad, con la cofradía, con la corporación. Que tienen que ver con la luz y con la sombra y, cómo no, con ese gran referente de nuestra querida Valencia que es el mar Mediterráneo, un mar inspirador de tantos poetas, pintores, escultores, músicos, artistas en definitiva, y por supuesto que le da especificidad a esta Semana Santa Marinera.

Seguramente en este momento debería empezar a contar la historia, el origen y las vicisitudes de esta nuestra querida Semana Santa Marinera. De ese origen que se remonta al siglo XIV, con la “Cofradía de la Concordia”, compuesta por personas devotas y cuyo prior era San Vicente Ferrer. Que tenía su sede junto a las antiguas murallas del Grau. No tenían imágenes procesionales y eran sustituidas por los propios cofrades con gran número de penitentes, lo que dio origen a la ”Concordia dels Disciplinats”. Pero no soy la persona más indicada para hablar de la historia de esta Semana Santa Marinera, puesto que otros mucho más preparados ya la han escrito y divulgado. Pero sí les voy a decir algo que he creído deducir de la trayectoria desde el siglo XIV hasta nuestros días de esta Semana Santa Marinera. Y es que es una Fiesta de dolor y de gloria, de sufrimiento y de alegría, como la vida misma, pero que surge desde abajo. Que surge desde el mismo pueblo y que se ha mantenido a lo largo de todos estos siglos como una vivencia interna del “Marítim”, constituido por el Grau, el Cabanyal y el Canyamelar, potenciando con ello el sentimiento de hermandad y las relaciones sociales entre las personas. Es una Fiesta que está más allá de las ideas políticas y de los planteamientos profesionales y de las diferencias económicas. Es una fiesta que une y que crea tensión positiva. No es una tradición impuesta. Es una tradición que se desarrolla año tras año desde el convencimiento de los cofrades. Todos pasaremos, pero la Semana Santa permanece y permanecerá como patrimonio de todos a lo largo del tiempo.

Alguien puede pensar que este conjunto del Grau, Cabanyal y Canyamelar, tan sencillo en su estructura urbana de manzanas lineales y estrechas, paralelas al mar, con viviendas pasantes a dos fachadas este y oeste, que son capaces de captar la brisa del mar, son solo unos simples barrios periféricos de la poderosa ciudad de Valencia. Hay que decirle a ese pensamiento que es un craso error, puesto que con toda seguridad es gracias a la existencia primero del Grau y luego del Cabanyal y Canyamelar y su relación con el mar, a través del comercio desarrollado desde los romanos a lo largo de todo el mediterráneo y especialmente en el famoso Siglo de Oro, siglo de mayor esplendor del Reino de Valencia, lo que ha hecho posible que se hayan creado las condiciones para que se produjera la grandeza de la ciudad de Valencia. Gracias, pues, a las gentes del Marítim. Fue el transporte marítimo, a través del Grau, el impulsor del comercio de la economía, de la riqueza y de las creaciones artísticas. De tal forma que en el siglo XV, Valencia se convirtió en la ciudad de mayor población de la península, en la que floreció una clase urbana burguesa formada por artesanos de las más diversas profesiones: tejedores, tintoreros, cardadores, tapiceros, cordeleros, herreros, carpinteros, alfareros, etc.

Esto permitió en el plano cultural que surgieran nuestros mejores escritores, como Ausias March, Rois de Corella, Joanot Martorell, autor de Tirant lo Blanc, o Sor Isabel de Villena. O que floreciera el denominado gótico internacional, con tonalidades vivas y rica mazonería con fondos de pan de oro de los talleres de Pere Nicolau Antoni Peris, Miquel Alcañís y Gonçal Peris de Sarriá. Así como el desarrollo, en la segunda mitad del siglo XV, del estilo gótico de influencia flamenca incorporando el óleo y, por tanto, consiguiendo veladuras en sus composiciones y cuyos artistas más renombrados fueron Jacomart y Joan Reixach. Pero quizás uno de los temas más relevantes que cabe plantear, es la posible introducción del Renacimiento en España a través de Valencia. Precisamente con los frescos de los ángeles músicos que hoy contemplamos en la Catedral, obra de Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio, pintores italianos traídos a Valencia por Rodrigo de Borja en 1472, tres años después del incendio del retablo de la catedral en la Fiesta de Pentecostés al soltarse la palometa en su vuelo pirotécnico en el interior del espacio catedralicio. A partir de ese momento los pintores valencianos como Vicente Masip y su hijo Juan de Juanes desarrollaron ya la pintura moderna que fue la Renacentista. Valencia se hizo famosa por sus productos exportados, en especial por los derivados de la seda y las cerámicas, especialmente las de Maníses que, con su reflejo metálico, producían destellos en su encuentro con la luz siendo consideradas verdaderas joyas y muy apreciadas en las cortes europeas. En aquel entonces el poblado marítimo llamado “Vilanova del Grau de la mar” tenía una actividad frenética, no solo por las tareas derivadas del intenso comercio y, en consecuencia, la estiba y la propia construcción naval desarrollada en las Atarazanas, sino que además nuestros antecesores en estos lugares eran pescadores y huertanos.

No cabe duda que otros factores en paralelo a lo ya indicado contribuyeron al fuerte desarrollo del siglo XV, como fue la conquista de Nápoles por Alfonso el Magnánimo en 1442 y el poder de la diócesis de Valencia, que fue dirigida desde Roma por los Borja durante casi todo el siglo. Es precisamente este lugar en el que estamos al que podemos denominar como el motor de la riqueza de ese siglo de Oro Valenciano. Con esto cabría reivindicar para este “Marítim” un tratamiento más considerado de la ciudad de Valencia, pues muchos de los monumentos que hoy contemplamos en Valencia como las Torres de Quart, gran parte de la Catedral, el Palau de la Generalitat o la Lonja, construidos por los maestros canteros Antoni Dalmau, Francesc Baldomar y Pere Compte, se realizaron precisamente en ese siglo. Y, por tanto, son deudores del esfuerzo, del intenso trabajo y del desvelo de las gentes de este lugar.

Tras esta deriva cultural y volviendo a la Semana Santa Marinera, me gustaría hacerles partícipes de aquellos aspectos que a mí me resultan de gran relevancia. Cito en primer lugar el Primer Congreso de la Semana Santa Marinera, celebrado en junio de 1983, donde se aprobó la participación de la mujer en procesiones y asamblea general como miembros de pleno derecho. Desde entonces hasta la actualidad tenemos muchos ejemplos de su buen hacer, ostentando cargos de responsabilidad como es el caso, entre otros muchos, de mi querida amiga Begoña Sorolla, primera mujer presidente de la Junta Mayor. O como María del Carmen Serra, a cuya familia le doy mi más sentido pésame por la muerte de su querido esposo Manolo. O como María del Carmen Tomás, Mariló Cabrelles, ex alumna mía del colegio del Sagrado Corazón de Godella, y tantas otras extraordinarias mujeres entre las que destaco a las actuales presidentas de cofradías y hermanas mayores. O como la inestimable colaboración, en el actual Consejo de Gobierno, de María Miguel, Carolina Guillamón, María José Fabiá, y Amparo Carabal. Por cierto, desde aquí mi pésame más profundo a Amparo por la reciente muerte de su madre Isabel Iranzo “la Rocheta”, tan querida por todos. Pésame que hago extensible a todos los hermanos cofrades fallecidos.

Otro tema que hace muy singular a esta Semana Santa, y que conmueve, es que las imágenes de Cristo son portadas a pecho por los propios cofrades: simbiosis entre Cristo y el portador, como algo muy sentido e íntimo. Cuando tuvimos la gran oportunidad de diseñar y realizar el trono anda de la Crucifixión de Cristo, cuyos escultores fueron Grafiá padre e hijo y cuya policromía llevó a cabo Enriqueta González, profesora del Departamento de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Universidad Politécnica de Valencia, pude observar cómo el artista que crea la obra de arte, y en este caso religiosa, vive y se impregna de religiosidad. Como siente el momento de la muerte de Cristo como algo íntimo, logrando establecer una comunión perfecta entre ambos. Seguramente el gran escultor valenciano Mariano Benlliure percibió, a los 82 años, esta fuerte unión interior al realizar en 1944 el valioso paso de la Verónica, perteneciente a la Real Hermandad de la Santa Faz. También, con gran dolor y admiración, me referiré a la escultura en bronce de la joven Empar Barrón Cambra, que siendo cofrade de la Hermandad del Santo Sepulcro, representaba la figura bíblica de la Rosa Mística portadora de tres rosas blanca, roja y amarilla, como símbolos de las tres virtudes cardinales, Fe, Esperanza y Caridad. Y que tras un acto de violencia de género, que parece ser que no somos capaces de desterrar en esta sociedad, y, con motivo y recuerdo de su pérdida, tuve la oportunidad de apoyar la ejecución de dicha imagen en bronce magistralmente realizada por el profesor de la Facultad de Bellas Artes de la UPV José Vivó. Ello nos permite tener un recuerdo continuado de Empar y su presencia en la Semana Santa Marinera de Valencia.

Quisiera leerles unos párrafos entresacados de una carta escrita por Albert Einstein a su hija Lieserl.

El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y a quien lo recibe.

El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras.

El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo.

El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere.

El amor es Dios y Dios es amor.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser siente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta. Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta.

Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando ayudemos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Deseo que este canto al amor de un científico de la talla de Albert Einstein,suponga para todos nosotros una reflexión sobre la vida y la muerte del Ser más generoso que nunca ha existido. Para que de esta forma consigamos, todos juntos, sentir el “alma” de la Semana Santa Marinera. Este Pregón ha sido fruto de vivencias personales, que tanto me unen a todos ustedes. Espero que hayan servido para contagiar y animar a la participación activa y conseguir que esta Fiesta de Interés Turístico Nacional, vaya cada día aumentando el número de seguidores. Que se propague este fervor, esta devoción, este arte, con el brillo, la espontaneidad y el interés que despierta. Una vez más, gracias por haberme elegido. Gracias a todos ustedes por su presencia hoy aquí. A todas las hermandades, cofradías y corporaciones. A mis familiares, amigos, compañeros de la Facultad de Bellas Artes y compañeras escolapias. A todos, gracias por vuestro cariño y confianza puestos en mi persona.

Con este entrañable acto damos comienzo a la Semana Santa Marinera de 2016. Con la llamada desde el “Marítim” a los valencianos y a los visitantes, de forma que la podamos disfrutar todos con mucha fe, esperanza, salud, alegría y fraternidad.

Muchas gracias.”