Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia

Lunes, Mayo 29, 2017

Compartir

2015 intropregon Distinguidas autoridades, eclesiásticas, civiles y militares.

Sr. Presidente de la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia y Rectores de las Parroquias de los Poblados Marítimos de Valencia: Grao, Cañamelar y Cabañal.

Presidentes, Hermanos Mayores y miembros de la Semana Santa Marinera de Valencia, Señoras y Señores que hoy nos acompañan

Valencians de la Mar

Bona Nit.

Buenas noches.

Según reza el dicho popular, "es de bien nacidos ser agradecidos". Pues bien, sirvan mis primeras palabras para expresar mi gratitud a la Junta Mayor, por haberme ofrecido el alto honor de pronunciar el Pregón de la Semana Santa Marinera de Valencia de 2015, que es el anuncio de la celebración de la fiesta más importante de la Iglesia Católica: la de los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

Cuando me trasladaron esta propuesta, no dudé en aceptar, consciente del gran honor que se me hace y de la enorme responsabilidad que conlleva. Enorme responsabilidad para tratar de no decepcionar a aquellos que han puesto sus ojos en mi persona sabedores de mi inexperiencia en estas lides, pues un reto semejante jamás se le había planteado a este ya veterano soldado.

Y no dude en aceptar porque, aunque nacido en otras tierras del antiguo reino de Aragón, mis raíces son valencianas ya que mis padres eran alicantinos y además soy vecino desde hace más de 50 años de otro barrio señero de la ciudad, Monteolivete, que se incorporó al municipio casi al mismo tiempo que lo poblados marítimos.

Si a mi origen valenciano unimos que han pasado 40 años desde que el Capitán General Gomez Hotigüela, vilmente asesinado por lo terroristas, recibiera en nombre del Ejército la Medalla de la Semana Santa y 22 desde que un predecesor mío, el Teniente general Quesada, asumiera esta responsabilidad, rechazar el ofrecimiento no era una opción.

En fin, encomendándome a Nuestra Sra. de los Ángeles, Patrona de esta Parroquia, y a su hijo, Nuestro Señor Jesucristo, cuya representación e imagen del Cristo de los Afligidos preside hoy esta ceremonia, trataré de cumplir con la misión que me han encomendado.

Como militar  soy amante de las tradiciones y como militar y valenciano lo soy por partida doble ya que, como decía Miguel de Unamuno, “la memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo"

Así hablar de la Semana Santa Marinera implica hablar de tradición, de la personalidad colectiva de un pueblo, de las gentes de los poblados marítimos, de una fiesta que posee una idiosincrasia que la hacen diferente y única, con múltiples facetas que ensalzar y que poner en valor, en especial la esencial, que es su profundo contenido devocional y de testimonio de la fe de las gentes que participan en ella.

Algunos de estos aspectos son bien conocidos por los participantes y asiduos, pero, posiblemente por esa asiduidad, puede pasar desapercibido su verdadero mérito y el esfuerzo que hay detrás de todo ello.

Y para quienes no son asiduos, a quienes me dirijo en especial invitándolos como pregonero de esta Fiesta, deseo resaltar la riqueza, amplitud y complejidad de ceremonias, actos y actividades, que se compendia en la programación de cada año, desarrollándose con unas características excepcionales de colorido y vistosidad, que se fusionan con el ambiente mediterráneo de solemne respeto, devoción y recogimiento propio de ella.

Colorido y vistosidad, de dolorosas y sayones, de samaritanas y vestas, de verónicas y longinos, pretorianos y granaderos, encarnados por las gentes de los barrios del Grao, Canyamelar y Cabanyal.

Decía el ilustre sacerdote y soldado Pedro Calderón de la Barca hablando de los soldados “aquí a lo que sospecho no adorna el vestido al pecho que el pecho adorna al vestido”

Lo mismo puede decirse de las gentes de esta Semana Santa, ya que, más allá del colorido y vistosidad del que hablaba, su actividad y la de su Junta Mayor no se detiene en el programa oficial, pues es constante a lo largo de todo el año en la ayuda a los más necesitados. Dando en fin un auténtico sentido cristiano a su actividad que me hace pensar que también para estas gentes el pecho adorna al vestido.

Por eso, en mi modesta opinión, hay mucho que decir, contar y ensalzar sobre esta fiesta, que es la fiesta absoluta, la fiesta por excelencia, pues es la conmemoración de la redención del hombre. Hay mucho que contar y ensalzar, mucho más de lo que yo seré capaz de relatar en los breves minutos que dura un pregón.

Hablando de tradición, hay una tradicional religiosidad en quienes se juegan la vida y la entregan a los demás. Los marineros, al igual que los soldados, se ven obligados a enfrentarse a situaciones de riesgo para su vida y, cuando una persona se encuentra en una situación crítica, ¡qué frecuente es que se encomiende al Señor o a la Santísima Virgen!

A eso alude el refrán que dice "Si a Deu vols pregar, posat en la mar", que indica la necesidad del marinero de sentir cerca la protección de la divinidad. Porque el mar es un medio que conlleva un riesgo intrínseco.

No es sorprendente que este culto y devoción a la Semana Santa en Valencia se haya perpetuado en los poblados marítimos. Y es marinera, porque nació junto al mar y quienes la iniciaron, fortalecieron y mantuvieron a lo largo de su ya dilatada historia, fueron gentes del mar. Historia de siglos, ya que la constancia documental más antigua encontrada hasta el momento, que hace referencia a esta Semana Santa, data de 1735.

Así, las costumbres, ritos y tradiciones nacidas en el pueblo cristiano alrededor de la Semana Santa, se han teñido de la idiosincrasia de los poblados marineros de Valencia.

Y el sentido de Marinera se percibe en las imágenes de los Cristos que se desplazan a la orilla de la playa, para pronunciar una oración por los fallecidos en el mar.

En especial el día de Viernes Santo, el más solemne de la Semana, pues, dentro del denso programa de ese día, se rinde el merecido homenaje a los que fallecieron en el mar: la corona, la oración y el recuerdo.

Idéntica simbología a la que empleamos los soldados donde la oración hablada se sustituye por el toque de oración que instituyó el Gran Capitán tras la victoria de Ceriñola en 1503 como homenaje a los que dieron su vida por la Patria.

Cuanto más antiguas son las tradiciones de una institución, mayor es la base sobre la que se sustenta y más compactado se siente el grupo que la compone.

Hemos oído a nuestros padres o abuelos hablar de que en sus tiempos se hacían tales cosas y ya no se hacen, lo cual parece síntoma de que, aquello de lo que nos hablan, está yendo a menos.

Pues bien éste no es el caso de la Semana Santa Marinera de Valencia. Vemos cómo estos cambios no son más que la consecuencia de una evolución natural, motivada por el devenir de los acontecimientos, y que muchas veces ni se sabe o se recuerda la causa que los motivó. Y también se puede ver, con una absoluta claridad, que esta fiesta, nuestra fiesta del Marítimo, ha mantenido tradiciones esenciales y ha continuado creciendo.

Por ejemplo, se mantienen costumbres, como la de albergar las imágenes en las casas particulares, a las que acuden y hacen cola para entrar los fieles, buscando un momento de oración, y sucediéndose las visitas por la noche, tras la Procesión de la Visita a los Monumentos.

A mediados los años 20 del pasado siglo, una Junta de Hermandades, que comenzó a coordinar las actividades de la Semana Santa, dejó paso al actual órgano de gobierno, la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia, a la que me permito felicitar por cumplir en este año el 90 aniversario del inicio de su andadura.

Hasta mediados de los años 30, las Hermandades, Cofradías y Corporaciones no eran tan numerosas como las conocemos en la actualidad. Cada una de aquellas tres parroquias únicamente tenía adscritos tres colectivos bien definidos: sayones, vestas y granaderos.

Sin embargo, y una vez más sin perder la esencia, otra muestra del crecimiento que ha experimentado esta Semana Santa, en su natural proceso de evolución desde aquello años, es el hecho de que, a esos colectivos iniciales, se han ido uniendo nuevas Cofradías, Corporaciones y Hermandades, que, a lo largo de casi un siglo, se han venido fundando o refundando de manera continuada, alguna incluso ya en los pocos años que llevamos de siglo, llegándose a contabilizar, en su momento, hasta 32.

Desgraciadamente, este año echamos de menos a la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte, y les deseamos que vengan tiempos mejores, que les permitan volver a la actividad, ya que lo fundamental, que es la motivación devocional, la siguen manteniendo.

Y a estas tradiciones hace su aportación la Institución Militar, que históricamente es reclamada y colabora con una Unidad de Honores, la Escuadra de Escolta, la Banda de Guerra y la Música, que siempre son acogidas con  entusiasmo.

Por tanto nuestra Fiesta no solo no está yendo a menos sino que está viva, como lo demuestra este constante incremento.

Y para ello solo hay que ver el conjunto de sus hábitos procesionales, imágenes, estandartes y personajes bíblicos, que conforman un conjunto que nos distingue de las demás Semanas Santas de España.

O los escritos de prestigiosos autores, como Vicente Blasco Ibáñez, el Dr. Antonio Damiá, Basilio Sebastián, o el cronista Amadeo Civera, Martín Domínguez, además de otros, algunos de los cuales siguen aportando sus conocimientos actualmente.

O los imagineros que han dado forma a las veneradas imágenes de los colectivos. Baste recordar a José María Ponsoda, Mariano Benlliure, Carmelo Vicent, Francisco Martínez - bien conocido en el Marítimo como el Tío Paco -, Carlos Román y Vicente Salvador, Salvador Furió, Inocencio Cuesta, Francisco Teruel, o los dos de los que permanecen sus antiguas esculturas, como José Rodríguez y Bernardo Morales.

Y, cómo no vamos a hablar, antes de acabar el pregón, del momento en que, de la mano de la primavera, cada año llega al Marítimo la Semana Santa, resonando aún en nuestros oídos los pasodobles falleros.

Pero ahora, la algarabía y los festejos lúdicos falleros dan paso a una celebración bien distinta, la Fiesta de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, que tiñe las calles del Marítimo de respetuoso silencio ante al sufrimiento del Señor y el dolor de su Madre, en el momento cumbre de la Procesión del Santo Entierro.

Y llega el Domingo de Resurrección, y una eclosión de alegría mediterránea se apodera de todo el Marítimo. Los colores oscuros cambian por blanco, el ruido de las tracas se hace patente, se sueltan palomas, se produce una invasión de flores y la tristeza desaparece.

Las procesiones del Encuentro se suceden, para dar paso, como colofón, al ansiado Desfile de Resurrección, que, siguiendo el mismo recorrido por el que el viernes marchó la Procesión del Santo Entierro, llena las calles de alegría y colorido, anunciando que Jesús ha resucitado.

Todos sabemos que todas estas manifestaciones en torno a la Semana Santa son manifestaciones de fe, y hemos oído predicar a los Pastores de la Iglesia que la fe hay que vivirla internamente, pero también que hay que hacerla pública.

Y en esta Semana Santa, cuyo programa de actos se extiende a lo largo de tres meses, queda constancia de la multitud de actos eucarísticos y litúrgicos, en los que se vive la fe en recogimiento; y otros, fuera de los templos, en los que se exterioriza esa fe y se da público testimonio.

Hacéis Iglesia, hacéis manifestación de fe cristiana, con solemnidad, pero también con mucha vistosidad. Con los atuendos ricos y variados que tanto cuidáis, y que no es boato, sino esfuerzo en tener las mejores galas preparadas para ser vestidas acompañando a las imágenes que representan a las Personas Divinas que adoráis y veneráis.

Pero no como vanidoso lucimiento, sino en honor a ellas.

O como decía Calderón cuyo verso a los soldados, que he citado antes, parece hecho para vosotros “y así, de modestia llenos a los más viejos verás, tratando de ser lo más y de parecer lo menos”

No quiero terminar sin hablar de lo niños. Para decir que llama la atención la cantidad de niños de todas las edades que habéis integrado y participan. Los jóvenes son el bien más preciado que posee una sociedad y es un seguro de la continuidad de la tradición

Concluyo mi pregón de Semana Santa, resaltando que se trata de una Fiesta de Valencia y de los valencianos, nacida y mantenida por las gentes del mar y de sus poblados marítimos, con una personalidad que ha trascendido a toda la geografía nacional, reconocida al haber sido declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, y que, por méritos, es digna de una proyección universal.

Señoras y señores:

¡Que mi voz sirva de llamamiento a todas las gentes de Valencia y del mundo, para que conozcan, compartan y vivan con nosotros una fiesta que es para ser vivida y sentida: la celebración de nuestra Semana Santa Marinera!

Muchas gracias.

Felicitats i moltes gràcies per l'atenció prestada