La gran celebración del Marítimo pone, una vez más, su punto y segui­do a una historia ancestral que se remonta a los antepasados de este singular barrio marinero de la ciudad de Valencia: la Semana Santa Marinera.

Van a ser días de recogimiento, de intimidad, de rezos y algún llanto en recuerdo a las personas que partieron a la Casa de Dios. La Pa­sión, Muerte y Resurrección del Señor se revivirán por las calles del Grau, Canyamelar y Cabanyal; la tradición y la cultura de un pueblo al servicio de la historia. Sonido de tambores, de trompetas, de mú­sica procesional, pasos e imágenes, olor a cera de cirios encendidos en honor de Dolorosas, Cristos, Nazarenos… y penitentes anónimos refugiados en sus caperuzas invitarán a la reflexión. Tampoco faltarán los marciales granaderos, o los imponentes soldados romanos con su implacable presencia.

La cultura, la tradición, la religiosidad popular llenarán las calles del Marítimo. Mientras, los templos parroquiales se convertirán en refu­gios populares de peticiones íntimas, de oraciones silenciosas, como un complemento necesario a lo que en las calles se desarrolla durante once días de gran intensidad.

Desde el Jueves de Retreta hasta el Domingo de Resurrección, el Marí­timo será la base de concentración de una tradición ancestral, familiar. Es la herencia que va desde el corazón al corazón de forma directa, sin estaciones de paso. Es, también, el homenaje a nuestros mayores. A aquellos que pusieron las primeras piedras de esta gran celebración; a los que dejaron su huella eterna por el trabajo, sacrificio y hasta sus lágrimas. Son tantas cosas… también ilusión. Tantos recuerdos agol­pados en lo más íntimo, que la Semana Santa Marinera supone un an­tes y un después en la vida cotidiana de sus gentes. Son sentimientos.

La presente Guía trata de explicar todo lo descrito; cada acto procesio­nal que se desarrolla por las calles del Grau, Canyamelar y Cabanyal. Un objetivo: el de compartir esos sentimientos íntimos. Invitarles, en fin, a ser uno de los nuestros. A vivir con espíritu marinero la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

El Marítimo, pueblo de puertas abiertas a las gentes que se acercan de tierra adentro y mar, les abre sus brazos. ¡Bienvenidos!

El barrio del Cabanyal es, desde fi­nales del siglo XIX, un barrio mari­nero de la ciudad de Valencia. Este barrio, junto con el Canyamelar, hasta 1897, fue un municipio in­dependiente llamado El Poble Nou de la Mar (el Pueblo Nuevo del Mar). Su peculiar trama en retícula deriva de las alineaciones de las antiguas barracas paralelas al mar. Pueblo principalmente de pescadores, pronto se convirtió en una zona de interés como lugar de descanso y ocio. En el momento de su independencia, el Poble Nou de la Mar, limitaba al norte con la acequia de la Cadena, es decir, con la actual Malvarrosa, y al sur con Vilanova del Grau (hoy Grau). Por barrios, el Cabanyal se extendía desde la acequia de la Cadena hasta la acequia d’En Gasch (que transcurría por lo que hoy es la avenida Mediterrá­neo) y el Canyamelar, desde la acequia d’En Gasch, hasta Vilanova del Grau. Los primeros signos de vida en el Poble Nou de la Mar se conocen gracias al trabajo de investigación llevado a cabo por el servicio de investigación arqueológica municipal (SIAM) de Valencia. Las investigaciones indican que, antes de la fundación de la ciudad de Valencia, esta zona entre el Turia y el Barranc de Carraixet ya era utilizada como desembarcadero, sobre todo en las desembocaduras del Turia y de las acequias como la del Rihuet o como las colindantes d’En Gasch, Pixavaques o la Cadena. Esto se hacía así, porque a lo largo de las acequias podían circular y amarrarse las barcas que daban servicio a los barcos de más calado. Y también porque a las acequias vertían algunas fuentes de agua potable.

Y a pesar de las incomodidades que representaba una vivienda en condi­ciones junto a los matorrales y las charcas, sin una población con la que sentirse acogido y sin equipamientos de ningún tipo, como hornos o tiendas, fuera de las murallas del Grau empezó a vivir gente. Esa zona contigua a las murallas empezó a ser denominada como Cabanyal, ya que aquellas gentes de mar vivían en auténticas cabañas. Por lo que respecta a la denominación del Canyamelar hay que indicar que hace referencia a la tradición de cultivar cañas de azúcar (canyamel = caña miel) que introdujeron, parece ser, los árabes en las almunias (huerta, granja).

Por otra parte, el barrio del Grau fue creciendo desde el mar como una población separada del núcleo principal de Valencia, con carta puebla dada por Jaime I el 27 de mayo de 1247, con el nombre de “Vilanova Maris Va­lentiae” o lo que es lo mismo Villanueva del Mar de Valencia. Cabe destacar, que su nombre, proviene del vocablo latino grau (grada) que según la Real Academia de la Lengua es una “Playa que sirve de desembarcadero”.

La Casa-Museo “Salvador Caurín” de la Semana Santa Marinera de Va­lencia se encuentra ubicada en la calle del Rosario número 1 del barrio del Canyamelar, en lo que fue un antiguo molino de arroz. La Casa-Museo consta de dos plantas bajas, la zona propiamente dicha dedicada a museo y a oficinas, respectivamente. Los primeros pisos de ambas plantas acogen el Salón de Actos, Sala de Reuniones y oficinas del Presidente y Secretario General.

La Casa-Museo toma su nombre, a título póstumo, del que fuera su mentor Salvador Caurín Alarcón, Presidente de la Junta Mayor de 1995 a 1998 y Vice-Presidente de la misma de 2005 a 2007.

El Museo, remodelado recientemente, contempla gran parte de la riqueza que posee la Semana Santa Marinera: imágenes, tronos-anda, indumen­taria, ornamentos, diversos enseres procesionales y, así mismo, elementos patrimoniales de las hermandades, cofradías y corporaciones. Del mismo modo también se puede ver fondos del pasado que demuestra el carác­ter histórico-artístico de nuestra celebración. Unos paneles, ilustrados con fotos, dan a conocer de forma cronológica la historia de la Semana Santa Marinera de Valencia. Tres grandes pantallas, ofrecen imágenes de video sobre los actos procesionales más importantes. Todo ello constituye la zona dedicada a exposición permanente, con otra zona aneja que está dedicada a las exposiciones temporales que también se realizan a lo largo del año.

Las imágenes procesionales se complementan con un traje de la herman­dad, cofradía o corporación correspondiente, y una ficha explicativa de la historia de cada colectivo.

Otra zona importante de la exposición está dedicada a mostrar trajes de los personajes bíblicos, una de las características de la Semana Santa Marinera, y trajes de vesta de épocas antiguas.

El complemento a tanta riqueza histórica, sentimental y material, son las distintas exposiciones y actos diversos que se llevan a cabo.